Cuando no sabes cómo empezar a escribir algo, lo mejor es siempre es admitirlo y ya tendrás un buen comienzo. A partir de ahí todo fluye, tu mente se relaja, las ideas se asientan y vas una por una desarrollando su contenido hasta que todo concluye.
Hace días que llevo intentando escribir algo para el blog. Hace meses que no escribo algo interesante que tenga que ver con mi vida privada o con mis pensamientos. Y es que, sinceramente, voy algo escasa de imaginación.
Podria definir el punto en el que está mi vida como transicional. Las cosas que han pasado hasta este punto se van alejando cada vez más y el paso del tiempo (como siempre) ayuda a esa tarea.
Comienzo a olvidar cosas que pensé que siempre iba a tener presentes; se que no las he olvidado para siempre, pero al menos ya no me hieren.
Las cosas nuevas hacen que se abra mi mente y tenga más espectativas, más ilusiones y esperanzas, y eso es bueno. Me siento realmente bien conmigo misma cada día que pasa. Los errores me han ayudado a ser más precavida, a tener más capacidad de crítica y decisión.
Odio hablar de mi tan directamente, porque os muestro mi situación demasiado de cerca. Pero no me ha funcionado el truco del personaje biográfico.
No sé qué contar de mi. No sé qué podria interesaros de mi. La vida sigue su curso y como todo ser humano, yo me dejo arrastrar por la corriente del paso del tiempo. Los días pasan y las personas que conocías te resultan cada vez más extrañas mientras que las recien llegadas a tu puerta se hacen más interesantes para mi.
Intento no volver a mi etapa existencialista, en la que todo me parecia horrible y una abominación del mundo. Supongo que entendereis que el horno no está para bollos. Que el mundo es horrible pero si nuestras mentes lo hacen peor ya no hay más esperanza.
Y en fin, que la edad siempre nos hace resignarnos al mundo en el que habitamos y el sentimiento de lucha que hemos tenido todos de jóvenes, cuando nos hemos sentido rebeldes y en contra de la sociedad se va difuminando hasta quedarse en una nube oscura que nos provoca bastante pereza.
Supongo que todo esto está provocado por la misma sociedad a la que un día odiamos y a la que hoy, nos hemos acomodado tan facilmente.
En su día me preocupé por la libertad, la política, el poder… y todo ello lo odiaba y defendía mis creencias. Y es curioso verme hoy, cuando ya todo me es bastante indiferente, cuando lo único en lo que pienso es en qué puedo hacer este verano, cuando me importa más mi propia vida que la de los demás. Y es que, si no eres egoista en esta sociedad, es posible que no termines bien parado.
No me gusta ser así de pasiva frente a mi propio país, pero si nadie cuida de mi misma quién lo hará. ¿Me ha servido de algo preocuparme por los demás? La respuesta es tan clara…
Veo la sociedad en la que vivo cada día y sólo me dan ganas de suspirar, negar con la cabeza y seguir con mis estudios. Unas palabras de crítica poco constructivas y “hasta luego”.
El papel de los jóvenes es pasarselo bien. Y no voy a repetir lo mismo que siempre he dicho. Todos sabemos cuál es el método para pasarselo bien hoy en día. ¿Qué puedo hacer yo? Suspirar, negar con la cabeza y seguir adelante.
Sin duda alguna, hoy por hoy, sólo me preocupo de mi misma, de mi vida, de mi familia, mis amigos, de los chicos que me gustan, de mi cuerpo, mi salud. Si no lo hago yo, nadie lo hará. El egoismo está a la orden del día, pero como una forma de supervivencia.
No sé como finalizar esta entrada. Así que, hasta la próxima.








