Archive for Mayo 2008

Corre

Tengo miedo
voy a echarte de menos
pero matan y mienten
en nombre de nuestra libertad.

No olvides cuál es nuestro sueño
cuando quemen todos nuestros recuerdos
y espérame hasta que salga el sol otra vez
y si no he vuelto…

Corre!
será el momento de avisar a los demás
no podrán jugar con nuestros sueños
sin vernos luchar.

Cuánto tiempo crees que tardarán
en subastar una verdad
para venderte una mentira
en el imperio de una sociedad
donde vivir no es nada más
que acumular hoy
lo que ayer aún no tenías.

Serás capaz de renunciar
a todo lo que dicen que tienes que ser,
que tienes que tener,
a cambio de tu camino
si crees en tu destino,
entonces…

Corre!
será el momento de avisar a los demás
no podrán jugar con nuestros sueños
sin vernos luchar.


Add comment Mayo 29, 2008

El Abrigo Rojo

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Add comment Mayo 28, 2008

Más allá del Odio

La gente no sabe amar. Muerde en vez de besar y abofetea en vez de acariciar. Puede que sea porque se da cuenta de lo fácil que es que el amor salga mal. Derrepente se vuelve imposible, impracticable, un ejercicio de inutilidad. Así que lo evita y busca consuelo en la angustia, el miedo o la agresividad, que siempre están ahí y son accesibles. Y puede que sea porque no se dispone de suficiente información.
La ira y el resentimiento pueden enturbiar tu cerebro. Eso lo sé ahora. No necesitan mucho para mostrarse, salvo la vida que consume y extingue. No obstante la ira, es algo muy real. Incluso cuando solo es indignación, puede cambiarte, transformarte, moldear y darte la forma de algo que no eres. Por eso el único lado positivo de la ira, es la persona en la que te conviertes. Con suerte, puedes despertar un día y darte cuenta de que no tienes miedo en tu viaje y que sabes que la verdad es como mucho, una historia parcialmente relatada. Porque la ira, como todo en la vida, viene a rachas. Y cuando la dominas, su estela deja una nueva oportunidad de aceptarte como eres y la promesa de tranquilidad.
Aunque claro, ¿qué sé yo de todo eso? Sólo soy una niña.


Add comment Mayo 24, 2008

American History X

Supongo que ahora debo decirle lo que he aprendido, mi conclusión. Pues mi conclusión es: que el odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No merece la pena.
Dice que siempre viene bien terminar el trabajo con una cita, dice que siempre hay alguien que lo ha hecho mejor que tú y que si no puedes superarlo, róbaselo y aprovéchate… Así que he escogido a alguien que creo le gustará:

«No somos enemigos, sino amigos, no debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamas debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto… del buen ángel que llevamos dentro»

American History X


Add comment Mayo 23, 2008

La Conversión de Liam

La llegada del verano había producido cambios en el ambiente, el calor se hacia más sofocante y la gente del pueblo, en reacción a ese calor a penas salía de sus casas a no ser para recoger el trigo o la maíz.
Dicha villa no se encontraba muy alejada de la civilización, apenas a unas escasas millas al oeste. En ella vivían mayoritariamente campesinos, agricultores y ganaderos. Los pequeños iban cada día caminando hasta la ciudad para asistir al colegio, las madres se dedicaban a cuidar de los huertos y de las labores domésticas y los más jóvenes, ayudaban a sus padres en sus respectivos trabajos.
Liam era uno de ellos, un joven alto, fornido y con gran sentido de la responsabilidad, trabajaba con su padre cada día como leñador, a las afueras de la villa, en el bosque. Solían despertarse de madrugada, antes de que los demás habitantes oyesen el cantar del gallo. Iban por el camino del bosque y armados con hachas de leñador, talaban hasta la hora del almuerzo.
Uno de esos días, Liam notó que su padre estaba cada vez más cansado, sus andares eran irregulares y no cortaba la leña con demasiada fuerza.
-Padre, le veo cansado, ¿por qué no va a descansar a la casa?
-Liam, aun no has cumplido la mayoría de edad, ¿pretendes que deje mi trabajo en manos inexpertas?
-No, padre…
-De todas formas, creo que iré a descansar. Por un día no desconfiaré de tu torpeza.
Durante todo el día Liam taló árboles sin parar, enfadado por las palabras de su padre y la desconfianza que en ellas se veía. Ni siquiera se dio cuenta de que las horas pasaban y la noche le cayó encima y con ella, la desorientación y sus terribles consecuencias.
Mientras caminaba de vuelta a casa, el joven leñador tuvo que detenerse, al notar como la hojarasca y el follaje producía ruidos de pisadas, pisadas demasiado rápidas y ligeras como para ser de un ser humano, aun así, llamó varias veces por el nombre a su padre… no recibiendo respuesta alguna.
Sólo un dolor profundo en su nuca, el sonido de los troncos al caer al suelo sobre sus pies, un desgarrón de sus ropas y después, el silencio.
Ese silencio, esa nada, duró más de dos noches. Cuando despertó, de forma sobresaltada, se encontraba en su propia habitación, rodeado de un olor nauseabundo y de una masa pringosa en su piel, su boca, sus manos, incluso su pelo desprendían ese olor. Le dolía tanto la cabeza que era imposible abrir los ojos. En el momento en el que sus pies se posaron en el suelo, al levantarse de la cama, un grito ensordecedor le hizo abrir los ojos; su madre, aterrorizada se llevó las manos a la boca, fijándose en lo que su hijo se había convertido y lo que había hecho. Por el bien de sí misma, huyó de la casa en busca de un refugio mejor, un lugar donde refugiarse de la naturaleza de su hijo, de la bestia en la que se había convertido.
Liam no podía creer lo que sus ojos veían, ¿quizá alucinaciones? ¿Un mal sueño? ¿Una pesadilla? No… aquello era real, tan real como la sangre que resbalaba por sus manos y su cuello, tan real como el cuerpo de su padre descuartizado en el suelo, tan real como el sabor a carne humana que aun mantenían sus papilas gustativas. Si aquello no era real ¿qué iba a serlo?
El estaba semi desnudo, la habitación… destrozada. Las marcas de garras se veían en cualquier mueble, las astillas del armario roto cubrían el cuerpo inerte de su padre y la sangre se había extendido por el piso.
Presa de una locura irremediable salió de la habitación y después de su casa, más aquel fue el peor error que nunca antes había cometido. Ni él mismo sabía lo que le ocurría, ni él mismo sabia que esa noche, se había convertido en un monstruo, en un asesino y en el lastre de su familia. En una criatura que tendría que asesinar cada luna llena para sobrevivir, en un licántropo.
El ruido era ensordecedor, su madre había ido casa por casa pidiendo auxilio, clamando a los cuatro vientos que su hijo se había vuelto loco y que había asesinado a su propio marido, a su propio padre.
Todas las gentes del pueblo, armados con sus mejores armas salieron en dirección al fugitivo, que asustado por aquellas luces de hogueras y rostros desencajados no pudo sino quedarse inmóvil frente a su casa, manchado de sangre, respirando agitadamente y pidiendo entre jadeos que aquello había sido una equivocación, que él jamás mataría a nadie, que él no había cometido aquél atroz asesinato.
Pero nadie escuchaba sus palabras ni sus suplicas, dos sacerdotes se acercaron a él y en nombre de ese su dios instaron a la población a atarle de pies y manos y torturarle hasta que confesara sus pecados frente a la casa del que había sido el creador del mundo.
Ni él mismo sabe cómo aguantó a tal suplicio, no solo fueron abucheos, insultos y gritos de su propia madre hacia él, no solo fueron los golpes, las piedras que chocaban contra su cuerpo, ni tampoco la ira que crecía hacia los que habían provocado esa rebelión. Esos sacerdotes, observaban la escena día y noche, desde sus pulpitos observaban como aquel chico de 19 años era maltratado hasta la agonía de una forma inmoral y anticristiana.
Permaneció atado de pies y manos a una estaca en mitad de la plaza central de la villa, durante tres días y tres noches… al final de ese periodo se había convertido en el hazmerreír y en el foco de desahogo de cada persona del pueblo. Pero esa noche, mientras todos dormían, aquel sacerdote se acercó hacia el tablado donde él era insultado. Con falacias y el don del habla le engatusó hasta que dominado por la sed, la ira, el rencor, el odio y el dolor, pidió de rodillas perdón al que ese cura llamaba su señor. Mas no fue ese el fin de este muchacho, el cual marcado tiene el pecho por la obra de un ser mucho más enfermo y despiadado.
Desmayado de dolor y sin nadie que le diese de comer, se vio muerto y acabado. Mas no fue así, cuando notó que sus manos se liberaban, al igual que sus tobillos.
No sabe quien le salvó, nunca vio su rostro ni siquiera oyó su voz, aunque aun después de diez años, intuye que fue la bestia que lo cambió.


1 comment Mayo 20, 2008

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